Esta semana, nuestros alumnos y alumnas de 3 años de Educación Infantil han cruzado por primera vez las puertas del colegio. Algunos lo han hecho con ilusión, otros con cierta incertidumbre y, seguramente, alguno con alguna lágrima de por medio. También sus familias han vivido ese momento con una mezcla de emociones difícil de explicar: dejar por primera vez a sus hijos en manos de otras personas supone un pequeño acto de confianza y, al mismo tiempo, el comienzo de una nueva etapa.
Para ellos, hoy todo es nuevo. Las aulas, los compañeros, las maestras, los espacios, las rutinas… Pero también lo es el mundo que empiezan a descubrir.
Y quizá lo más bonito sea pensar que este que hoy es su primer día de colegio puede ser el inicio de un camino que les acompañará durante muchos años. Un camino que, si así lo desean, puede llevarles desde estos primeros aprendizajes hasta las etapas de Primaria, Secundaria, Bachillerato y, finalmente, hasta nuestros Ciclos Formativos de Grado Superior. Incluso puede que algún día, después de todo ese recorrido, les veamos dar sus primeros pasos en el mundo laboral.
Hoy tienen tres años. Pero estamos empezando a acompañar a las personas que llegarán a ser.
Porque educar no consiste únicamente en enseñar a leer, escribir, calcular o descubrir el mundo. Educar es acompañar. Es estar cerca cuando algo cuesta, celebrar cada pequeño avance, ayudar a levantarse cuando algo no sale bien y ofrecer las herramientas necesarias para que cada niño pueda descubrir sus capacidades y construir su propio camino.
Y en un colegio cristiano, ese acompañamiento tiene además una dimensión especial. Queremos educar desde la cercanía, el respeto, la escucha y los valores del Evangelio; ayudando a cada alumno a crecer no solo en conocimientos, sino también como persona.
Por eso, en este camino, las familias tienen un papel fundamental. Colegio y familia compartimos una responsabilidad que va mucho más allá de una etapa educativa concreta. Caminamos juntos, nos escuchamos, nos apoyamos y buscamos lo mejor para cada niño. Porque sabemos que educar es una tarea compartida y que, cuando familia y escuela avanzan en la misma dirección, nuestros alumnos encuentran un entorno mucho más rico para crecer.
Hoy no sabemos qué serán de mayores. Quizá médicos, músicos, ingenieras, maestros, diseñadoras, técnicos, emprendedores… Quizá descubran una vocación que todavía ni siquiera podemos imaginar.
Lo que sí sabemos es que todo gran camino comienza con un primer paso.
Y el suyo ha comenzado hoy. Bienvenidos al colegio, pequeños.
Tenemos muchos años por delante para caminar juntos.




